Los banqueros dejan de pedir perdón y comienzan a pedir menos regulaciones.

El año pasado, los banqueros que asistieron al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, interpretaron el papel de villanos. El presidente francés Nicolas Sarkozy criticó su “comportamiento indecente” y sus paquetes de remuneración “moralmente indefendibles”.

Los banqueros probablemente no ganarán ningún concurso de popularidad en la cumbre de este año en el resort suizo. Pero esperan que parte del estigma causado por contribuir a que el mundo entrara en una crisis financiera se haya diluido.

Los ejecutivos bancarios han viajado a Suiza envalentonados por sus crecientes ganancias y ansiosos de codearse con los políticos y reguladores, con la esperanza de frenar las nuevas restricciones a la forma en la que dirigen sus negocios y pagan a sus empleados. Por primera vez desde la crisis financiera, los banqueros no estarán mordiéndose la lengua.

“Hubo un período de remordimiento y disculpas de los bancos”, dijo el presidente ejecutivo de Barclays PLC, Bob Diamond, en su testimonio ante un panel parlamentario en Londres este mes. “Creo que ese período tiene que terminar”.

En 2009, en momentos que la crisis financiera global estaba en pleno desarrollo, algunos de los grandes banqueros, incluyendo a los altos ejecutivos de Barclays, Citigroup Inc. y Bank of America Corp., no asistieron a Davos. Muchos se aventuraron a regresar el año pasado, pero mantuvieron un perfil bajo, conscientes del carácter radioactivo de sus reputaciones.

Este año, la mayoría de los grandes bancos estadounidenses y europeos están enviando sus presidentes de junta o presidentes ejecutivos a Davos. Una excepción es Goldman Sachs Group Inc., el cual está enviando al segundo al mando.

Los banqueros y los grupos de presión que les apoyan dicen que llegarán a los Alpes armados con una larga lista de propuestas regulatorias y reglas pendientes que les gustaría diluir o eliminar por completo. La presión probablemente se ejercerá en reuniones privadas, en vez de hacerlo en los paneles a los que asistirán cientos de reporteros de prensa y televisión.

“Espero que los asuntos regulatorios se encuentren en la agenda de este año en Davos, pero quizás no sean el centro de atención”, dijo Charles Dallara, director gerente del Instituto de Finanzas Internacionales, el principal grupo de la industria bancaria.

Buena parte de la presión ejercida probablemente girará en torno a un acuerdo internacional que los reguladores bancarios forjaron el año pasado en otra ciudad suiza, Basilea. El llamado acuerdo de Basilea III obligará a los bancos a mantener mayores reservas de capital para protegerse de posibles pérdidas, además de una mayor liquidez para hacer frente a una posible corrida bancaria.

Sin embargo, las reglas no entran completamente en vigor hasta 2018 y aún deben ultimarse varios detalles clave.

En una conferencia de prensa previa a Davos, el presidente ejecutivo del banco francés Société Générale SA, Frédéric Oudéa, dijo que la industria esperaba desalentar a los países a imponer requisitos que sean más estrictos, o que se implementen antes que el acuerdo de Basilea.

Suiza ya ha ordenado a sus bancos que cumplan con requisitos de capital y liquidez mucho más altos que aquellos que deberán seguir otras instituciones, mientras que las autoridades británicas estudian aplicar los llamados “estándares de oro” que excederían las normas internacionales.

Es cierto que es demasiado tarde para que los bancos logren cambiar la decisión de aplicar regulaciones más estrictas. Además del acuerdo de Basilea, EE.UU. aprobó la ley Dodd-Frank el año pasado, la cual reformará y fortalecerá la supervisión de las instituciones financieras. Los legisladores europeos han impuesto restricciones a las bonificaciones que los bancos pueden entregar a sus empleados con mejor desempeño.

“En términos de regulación, el trabajo duro ya se ha hecho”, indicó Thomas Huertas, director de regulación del sector bancario de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido.

Sin embargo, agregó, la lista de regulaciones por considerar sigue siendo larga y cuenta con varios puntos controversiales que ya se han convertido en campos de batalla con la industria bancaria.

Uno de los principales asuntos en la mira de los bancos es una cláusula de Basilea III que exige que los reguladores impongan mayores requerimientos de capital a las “instituciones financieras sistémicamente importantes”.

Los banqueros y reguladores ya comenzaron a forcejear para tratar de definir ese término. La mayoría de los bancos desean que la lista de instituciones que se ajuste a esa definición sea tan pequeña como sea posible. No obstante, la industria también advierte que imponer un “sobrecargo” de capital a un banco grande y no hacerlo con otro podría desequilibrar las condiciones de juego el mercado.

“Imponer simples sobrecargos de capital no es la forma correcta de mejorar la estabilidad”, dijo Oudéa. Él dijo que los reguladores cometen un error al concentrarse únicamente en los grandes bancos.

Ese argumento probablemente no convencerá a muchos de los que forjan las regulaciones. Los rescates de los grandes bancos, no los pequeños, han sido costosos y tremendamente impopulares en muchos países occidentales.

http://www.wsjamericas.com

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