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Las dos caras del boom de las commodities

Aquellos que extraen y comercializan materias primas sacan provecho, mientras que las fábricas trasladan la suba de costos en mayor o menor medida a los consumidores, según su poder de negociación, la posición en el mercado o la relación con el Gobierno

Carlos Manzoni
LA NACION

Un huracán de rebeliones destrona a líderes autocráticos en el norte de Africa y Oriente Medio, incesantes lluvias azotan la India al tiempo que las inundaciones hacen estragos en los cultivos de Australia y Paquistán, los hornos de China devoran cada vez más mineral de hierro para producir acero y el gigante asiático no para de demandar cada día mayor cantidad de alimentos. Este cóctel, condimentado con una pizca de especulación, llevó por las nubes los precios de las materias primas; un boom que tiene diferentes efectos en la Argentina y en las empresas que forman los distintos eslabones productivos.

El incremento de precios beneficia al país en el caso de las commodities agrícolas, pero lo perjudica en el de las que nutren a sus principales industrias. En el nivel microeconómico, la ecuación no es tan lineal y ya no resulta tan simple discernir quién gana y quién pierde, porque en el medio está la mano interventora del Gobierno, que distorsiona el negocio, y la mayor o menor elasticidad propia de cada mercado, que admite o no el traslado de costos al precio final del producto.

El economista Dante Sica, de la consultora abeceb.com, explica que hay tantas realidades como tipos de compañías y lugares ocupados por cada eslabón de la cadena. “Algunos tienen más posibilidad que otros de trasladar la suba de costos al precio final, según sea su poder negociador, su posición en el mercado o su relación con el Gobierno”, dice el consultor.

En la fabricante de semillas y fertilizantes Syngenta, Antonio Aracre, director general para el Cono Sur, comenta que su coyuntura les permite trasladar los incrementos de costos. “Hoy, la buena rentabilidad del productor agrícola, nuestro principal cliente, hace posible compensar con la suba de precios la pérdida que tenemos por el encarecimiento de los insumos, que son básicamente semillas y petróleo”, afirma el ejecutivo.

En el lado opuesto están las siderúrgicas, que desde 2009 hasta ahora sufrieron un aumento de 203% en su principal insumo, el mineral de hierro, y cuando subieron el precio de la chapa a principios de año chocaron contra la barrera que les puso el Gobierno.

Rosana Negrini, presidenta de la fabricante de maquinaria agrícola Agrometal, fue testigo directa de la controversia, de la que salió beneficiada. “Al volver de las vacaciones, a fines de enero, me encontré con que nos habían aumentado el acero”, cuenta. Nunca llegó a pagarlo. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y la ley de abastecimiento jugaron en su favor.

Pero nada impidió que el caucho y el metal de fundición le aumentaran 24% en 2010. “No sé cuánto vamos a poder trasladar a precios”, comenta Negrini. Lo mismo le sucede a Roberto Lenzi, presidente de Brikett, una fábrica de heladeras. “Subieron 7% el poliuretano y los gases refrigerantes, que acompañan al valor del crudo. Por suerte, se paró el aumento de la chapa que compramos a Siderar”, señala.

La Argentina importa mineral de hierro, por lo que las siderúrgicas deben recurrir a una oferta concentrada en tres mineras, Vale, BHP y Rio Tinto, responsables de casi 62% del mercado internacional. El gran salto del precio se debe a que China se convirtió en la última década en el mayor importador de este mineral (62% del mercado) para producir el 45% del acero mundial (producía sólo 15% en 2000). Mientras medios como Reuters y Steel Business Briefring informan que algunas siderúrgicas del mundo trasladaron a precios sus mayores costos (la alemana Thyssen Krupp, la india ArcelorMittal y la brasileña Usiminas subieron entre 5 y 10%), aquí eso aún no ocurrió.

No se trata sólo de commodities aisladas, sino que todas viven un boom : el índice de precios de las materias primas que elabora el Banco Central (BCRA) muestra que mientras que en 2009 ese indicador (base 100 en 1995) era de 135,5 puntos, en enero de este año llegó a 196,8.

Algo del impacto ya se pudo entrever en los balances del tercer trimestre de 2010 de las las empresas que cotizan en Bolsa. Un informe del instituto Ieral indica que en un panel de 20 compañías vinculadas a la industria el resultado operativo se desplomó, representando apenas 2,4% de la facturación.

En pocos días se conocerán nuevos balances. Christian Reos, analista de la sociedad de bolsa Allaria Ledesma, vislumbra una tendecia similar. “Si Moreno no deja a Siderar subir los precios del acero, esta empresa va a tener una baja en rentabilidad. Si Molinos y Aluar no pueden trasladar sus costos a los precios, también tendrán un recorte”, advierte. En la construcción atribuyen el aumento del costo de edificar el metro cuadrado al salto del hierro y el cemento, dos materiales básicos para este sector.

Jorge Vasconcelos, economista del Ieral, aporta otro punto de vista y destaca que la suba de 108% que tuvieron desde 2005 los productos que exporta el país, si bien es buena para la balanza comercial, también obliga al Estado a gastar más para subsidiar el consumo interno de los derivados de estas commodities .

El lunes pasado, la crisis en Libia hizo trepar el precio del crudo WTI a cerca de US$ 100 el barril, su máximo desde 2008. ¿Cómo impacta esto en la Argentina? El ex secretario de Energía Daniel Montamat responde que, como el país perdió el autoabastecimiento e importa cantidades crecientes de combustibles, la suba del crudo impacta en la balanza comercial y las cuentas públicas. “Se necesitan cada vez más dólares para importar esa energía más cara”, concluye.

En 2005 el saldo de balanza comercial petrolera era de US$ 6400 millones a favor, en 2010 cayó a 1500 millones y este año, si se mantienen los precios, se entrará en déficit. Las cuentas públicas no lucen mejor, ya que gran parte de los subsidios van a energía ($ 25.000 millones en 2010). “Ahora, si hay que importar combustible y no se quiere trasladar el precio internacional a las tarifas, cada vez se demandarán más pesos para pagar la diferencia”, dice Montamat.

A nivel empresas, el hecho de que éste sea un mercado con altas retenciones a la exportación, con un tope de US$ 55 para el barril de crudo, también determina ganadores y perdedores. “El productor, como YPF, PAE, Total o Petrobras, pierde de ganar respecto del precio internacional”, indica Luis Palma Cané, economista de la consultora Fimades.

Las refinerías que compran al valor interno no tienen problemas, pero se pueden complicar si hay que importar más. “Si eso ocurre, éstas aumentarán el precio a las estaciones. Y si éstas pueden transferirlo al consumidor, este último será el perdedor. Acá, como en las commodities , no hay mucha ciencia”, agrega Palma Cané.

Las más golpeadas por la escalada del crudo son las industrias que usan gas natural como insumo porque la suba del petróleo repercute en el precio del gas que se importa. En este casillero están las químicas y petroquímicas, que tienen por un lado aumento de costos y por el otro, control de precios.

Aun así, hay derivados, como el plástico, que se encarecieron y golpearon al eslabón siguiente de la cadena. “Trato de cambiar el packaging para usar menos gramaje y ahorrar en el insumo. Si no, no cierran los números”, relata Alejandro Etchart, dueño de Prifamon, que fabrica hisopos y toallitas húmedas Q-Soft, además de las de Química Estrella, Babelito y Babysec.

Si hay un mercado distorsionado, ése es el de granos, donde el Gobierno ratificó el jueves el control de la exportación de trigo y maíz. Con el precio actual del cereal, el productor triguero debería estar feliz. Pero no es así. Con 220 hectáreas en Colón, provincia de Buenos Aires, Guillermo Aiello cuenta que el Gobierno, los molineros y las exportadoras son los más favorecidos.

“El exportador me paga US$ 180 por cada tonelada, que en el mercado internacional cuesta 350. Una vez descontado 23% de retenciones y gastos de venta, gana entre 30 y 50. El Estado embolsa 80 y los molineros reciben subsidios para pagar 240 por tonelada. ¿Quién gana?”, pregunta Aiello. Por las retenciones al maíz, la soja y el trigo, el fisco recaudará este año US$ 10.000 millones.

El consumidor, en tanto, pierde. Aunque, según Aiello, el aumento del trigo sólo incide un 13% en el valor del pan, este alimento se encareció 200% desde 2006. “Si en el mismo tiempo el trigo subió 55% y la harina, 108%, ¿quién se queda con la diferencia?”, vuelve a interrogar.

En el maíz, según Aiello, sucede algo parecido al trigo. Aquí los ganadores son el Estado, los exportadores y los feedlots(establecimientos de engorde en corral), polleros y chancheros. “Al restringir la exportación, se crea sobreoferta, lo que abarata el precio a los engordadores y los exportadores”, dice el productor.

La soja es diferente. El mercado es más transparente porque el gran complejo industrial sojero de Rosario tiene que pagar bien para hacer funcionar sus plantas y competir por este insumo contra el mercado mundial. Eso sí, las retenciones de 35% aún son difíciles de digerir.

La fibra de algodón tuvo su mayor incremento histórico, al pasar de US$ 1,48 por kilo a 2,97 en sólo un mes. Mariano Kestelboim, economista de la Fundación ProTejer, afirma que el precio de este insumo no debería aumentar el valor de la indumentaria. “Un par de pantalones vaqueros requiere 0,91 kilo de fibra de algodón, que cuesta US$ 2, lo que representa una suba de 20% respecto de 2010. Esa prenda se vende al final a $ 150 o 200”, ejemplifica el economista. Según explica, el productor gana con la suba del algodón, que luego se diluye entre desmotadoras, hilanderías, tejedurías, tintorerías, confección y marca. “El marketing para posicionar la marca incide más que el precio del algodón”, comenta.

60
Son los puntos que aumentó el índice de precios de materias primas del Banco Central desde 2009.

US$ 98,20
Es la cotización que alcanzó anteayer el barril de petróleo WTI, en medio de la crisis política desatada en Libia.

http://www.lanacion.com.ar

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