El sacerdote de la estadística en Wall Street

Si el mercado de acciones pudiera hablar, es posible que suene como la voz de Howard Silverblatt.

Como analista jefe de los Índices de Standard & Poor’s, este ejecutivo de 57 años es considerado como una mezcla de gurú, historiador y custodio del icónico índice de referencia de los mercados S&P 500.No es que Silverblatt se dedique a escoger una por una las acciones que entran y salen del índice, ya que de eso se encarga el comité de S&P 500. Sin embargo, la función que desempeña desde su modesto cubículo en un piso 27, con vistas al puente de Brooklyn, en Nueva York, podría ser igual de importante. Se dedica a registrar meticulosamente los a menudo mundanos pero cruciales detalles que ayudan a responder la pregunta que todo el mundo en Wall Street necesita saber: ¿Cómo está el mercado?

Silverblatt puede responder eso con su propia batería de preguntas: ¿Según qué indicador? ¿En qué período de tiempo? Hasta la reciente venta generalizada de acciones, S&P había duplicado el mínimo que registró en marzo. Para ver un repunte tan rápido tendríamos que remontarnos a 1936, anota. En términos de dividendos, la tasa indicada de pagos ha subido 3,1% en lo que va del año, y 11,5% frente a febrero de 2010, pero ha caído 15% frente a febrero de 2008. ¿Ganancias? Las compañías del S&P 500 están encaminadas a batir un récord este año, pronostica.

Silverblatt se ha labrado su carrera analizando grandes cantidades de datos para producir tales perlas de información sobre el mercado bursátil. A lo largo de los años, se ha mantenido fiel a los métodos que funcionan. Utiliza un celular, aunque sigue llevando un anticuado buscapersonas. (“Cuando suena, doy un salto. Significa ‘Houston, tenemos un problema'”).

Su sistema preferido para procesar información es una base de datos que funciona con el antiguo sistema operativo DOS. Cada vez que produce uno de sus boletines con detalles financieros varias veces a la semana (que envía por e-mail a cientos de inversionistas institucionales, analistas, compañías de fondos mutuos y funcionarios gubernamentales), imprime copias en papel y chequea las cifras a mano. Todo esto ha contribuido a que sea el experto al que todos recurren cuando tienen preguntas enrevesadas sobre los mercados.

“Me acuerdo que hace poco estaba buscando cuáles eran las mayores compañías de oro que cotizaban en bolsa a fines de los 70. No pensé que él tendría el dato. Sin embargo, le pregunté y a los cinco minutos tuve la respuesta”, cuenta Chris Verrone, director de análisis técnico de Strategas Research Partners.

Silverblatt ha perfeccionado sus técnicas a lo largo de los últimos 33 años, 34 en mayo, desde que empezó a coleccionar datos sobre retornos por acción, ingresos y precios de acciones cuando era un experto en estadística de S&P. Esos números se utilizaban para compilar la guía mensual de acciones del S&P. Si bien aún se publica, en su día ese compendio era una especie de Biblia para quienes escogían las acciones.

No todos lo pueden hacer

Hoy en día, sofisticadas terminales de mercado permiten que cualquiera pueda digerir grandes cantidades de datos estadísticos y producir en cuestión de minutos un estudio con características científicas. Pero, tal como señala Silverblatt, sólo por el hecho de que pueda jugar con los números, no quiere decir que deba hacerlo.

“Todo el mundo tiene las herramientas. Pero eso no significa que todos saben cómo clavar una puntilla en esa madera”, apunta Silverblatt.

Por ejemplo, la noción de efectivo corporativo y equivalentes de efectivo. “La idea del número, lo que encierra, es descubrir cuánto dinero tienen las empresas para gastar ahora”, explica. “No cuál es el total que tienen, pero que no está disponible (para la compañía)”.

“Es necesario tener experiencia para poder interpretar los datos disponibles”, aclara Silverblatt. “Cuando va a las carreras de caballos, tiene todos esos datos de probabilidades estadísticas. Pero es necesario interpretarlos…”.

Silverblatt se acuerda cuando ayudaba a su padre, un abogado que trabajaba en contabilidad, los fines de semana a organizar cheques por número. Su capacidad para calcular largas columnas de números lo asombraba.

Unas décadas después, demuestra la misma fijación por las cifras. Llega al trabajo no a las seis de la mañana sino a las 6:02 (“Puede preguntarle al guardia de seguridad abajo”, dice). Ante la pregunta de cuál era la cantidad de acciones que pagaban dividendos en el S&P 500 cuando empezó a trabajar, toma una breve pausa y rápidamente se abalanza sobre sus computadoras. “Espera, esto me va a volver loco”, dice. Unos instantes después: “Aquí está, 473”.

En casa, provoca a sus hijos, exigiéndoles saber cuál es la raíz cuadrada de números en los millares. “Les da problemas de matemáticas para que los resuelvan sus profesores de la escuela”, dice su esposa Rebecca. “Cuando hacen eso de las raíces cuadradas, ni siquiera puedo participar”.

http://www.wsjamericas.com

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