La demanda y el clima despiertan el fantasma de la crisis alimenticia

Por Scott Kilman

El mundo está consumiendo granos a una velocidad mayor a la que los agricultores pueden cultivarlos, lo que pone bajo presión las reservas e impulsa los precios a niveles cercanos a los que provocaron disturbios y protestas por la crisis de alimentos en países pobres hace tres años.

La posibilidad de que se desate otra escasez de alimentos a nivel mundial depende en gran medida de las cosechas de los próximos meses, a medida que los agricultores de Estados Unidos, el mayor exportador agrícola a nivel global, empiecen a recoger sus cosechas de trigo, soya y otros granos. Estas perspectivas probablemente se vean reforzadas el jueves cuando el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) divulgue su informe mensual sobre los mercados agrícolas mundiales.

“El escenario anticipa serios trastornos, en caso de que ocurran desastres climatológicos”, explica Keith Collins, ex economista jefe del USDA. “Me parece claro que han aumentado las posibilidades de que se propague una crisis global de alimentos”.

Incluso si un clima ideal en EE.UU. diera lugar a cosechas récord, el crecimiento de la demanda mundial y las menguantes reservas significan que aún hay riesgo de que haya una escasez de alimentos. Si bien los economistas proyectan que los precios de los granos se moderarán si las cosechas mundiales aumentan este año, se espera que se mantengan altos durante años. Además, cualquier cosecha que no sea grande podría provocar grandes fluctuaciones en los precios.

Debido al rápido crecimiento de los mercados emergentes, los precios de los alimentos están aumentando junto a la demanda global. En 2008, los precios de los alimentos en EE.UU. escalaron 5,5%, la mayor alza en 18 años.

Los precios del trigo han dado un salto de 80% frente a un año antes. El encarecimiento de los alimentos fue uno de los motivos que desataron las protestas callejeras que han arrasado el norte de África, donde el trigo domina la dieta de la región. Egipto es el mayor importador de este grano. Los gobiernos en Asia están recurriendo a subsidios y controles de precios para proteger a sus consumidores de la inflación.

En EE.UU., se espera que los precios minoristas de los productos alimenticios suban cerca de 4% este año, mucho más rápido que en 2010, cuando el Índice de Precios al Consumidor del gobierno para los alimentos avanzó 0,8%, la tasa más baja desde 1962. El auge en los precios de la energía, provocado por las tensiones en el mundo árabe, podría contribuir al encarecimiento de la producción de alimentos.

Presidentes ejecutivos de cadenas de supermercados y otras empresas de alimentos como los restaurantes son reacios a traspasar el aumento de los costos a sus clientes en un momento en que la tasa de desempleo en EE.UU., actualmente en 8,9%, sigue alta. Eso podría cambiar si la economía mejora.

En las regiones agrícolas de EE.UU. abundan las evidencias de lo que podría deparar el futuro. Los precios de los commodities están en ascenso, en parte porque las economías que importan alimentos tienen pocas alternativas para ir de compras. EE.UU. controla en torno a 55% del comercio mundial del maíz, así como 44% de la soya, 41% del algodón y 28% del trigo.

En febrero, el índice de precios de productos agrícolas del USDA, que cubre 48 materias primas, era 24% más alto que en el mismo mes de 2010. Ese incremento se traduce en ganancias inesperadas para los agricultores de EE.UU., pero representa un revés para sus ganaderos, que alimentan sus animales con grano.

China compra casi un cuarto de la cosecha estadounidense de soya para alimentar cerdos y pollos, que son consumidos por su clase media. Sus plantas textiles se quedan con casi un tercio de las exportaciones de algodón de EE.UU. Las exportaciones de trigo que salen de este país acumulan un alza de 46% frente al año anterior porque el mal tiempo dejó fuera de juego a competidores como Rusia y Canadá.

Debido a los precios más altos de la gasolina, alrededor de 40% de la principal cosecha de EE.UU., el maíz, se está dedicando a la producción de etanol. El USDA pronostica que al país le quedará suficiente maíz para satisfacer el apetito de los consumidores por apenas 18 días para cuando arranque la próxima cosecha.

La reacción tradicional de los agricultores ante precios tan altos solía ser cultivar más terreno y producir excedentes que redujeran los precios. Pero este ciclo parece estar desmoronándose, lo que sugiere que el auge de precios podría convertirse en una tendencia más duradera.

Aun así, los agricultores están produciendo cosechas más grandes. El USDA prevé que EE.UU. incrementará el área cultivada con las ocho mayores cosechas este año en casi 4 millones de hectáreas, o 4%, el cambio más grande en 15 años. El departamento pronostica que los agricultores de maíz producirán un récord de 13.730 millones de bushels en el tercer trimestre.

Sin embargo, la demanda de maíz es tan fuerte que este incremento de 10% en la cosecha sólo prolongaría las reservas del país en apenas cinco días. Como resultado, el USDA prevé que el precio de la cosecha de maíz todavía por sembrar suba a un promedio de US$5,60 por bushel, un récord.

“La era de los excedentes (agrícolas) se ha acabado”, sentenció Dan Glickman, ex secretario de Agricultura durante el gobierno de Bill Clinton y ahora integrante del Bipartisan Policy Center, un centro de estudios en Washington.

http://www.wsjamericas.com

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